Hay quienes dicen que es necesario evitar que la derecha se apropie de símbolos con los que deberíamos de identificarnos todos los españoles. Se refieren a la bandera de España y a su himno, pero también a costumbres y tradiciones, modernas o antiguas. En Granada, varios concejales socialistas encabezan la procesión del Corpus Christi junto a autoridades eclesiásticas y militares. La presidenta socialista de la Junta de Andalucía se fotografía con orgullo en Málaga junto al Cristo de la Buena Muerte custodiado por la Legión. El alcalde de Granada, el socialista Paco Cuenca, pese a haber votado en algún pleno contra la celebración de la fiesta del Día de la Toma (cuando no era alcalde, claro) dice ahora que “esta celebración existe desde hace siglos y no nos planteamos retirarla. Hoy es un día de unidad y entendimiento, eso es lo que se firmó en las capitulaciones en Granada”. Lo cierto es que, pese a que durante la República y los primeros ayuntamientos democráticos del PSOE en Granada se remozó esta efemérides, hoy por hoy el 2 de enero está siendo utilizado por determinados grupos ultras y fascistas. Además, la ciudad fue entregada, nunca fue tomada, y las capitulaciones nunca se cumplieron. Pero determinada izquierda sigue apostando por evitar que una supuesta simbología patria sea patrimonio del facherío y que, por eso mismo, hay que celebrar, más si cabe, divisas, blasones y acontecimientos como éste. Bien. Pero aun aceptando ese pobre argumento, muchos nos preguntamos cuándo es el momento también de acercarse a premisas de la izquierda (de donde se supone que provienen estos socialistas) como el laicismo, como la “remunicipalización” de servicios públicos esenciales (agua, transporte público, recogida de basuras, etc). ¿Para qué queremos en el ayuntamiento un gobierno que se auto proclama de izquierdas y no es capaz siquiera de empezar a recuperar el espacio público que poco a poco han ido los hosteleros robándole a la ciudad? ¿Para cuándo una reordenación del transporte público? Ya salen nuestros munícipes en todas las procesiones, religiosas o laicas; ya aceptan que la Legión (indiscutible elemento patrio que tanto ha hecho por todos los españoles) dé colorido a las fiestas, (por cierto, recuerdo haber leído de mano de una notable socialista granadina que todos nos deberíamos saber de memoria el himno de la Legión); ya se ponen nuestros gobernantes locales de perfil ante los problemas que tiene la ciudad con el tema de la fusión hospitalaria; ya inauguran monumentos a la enseñanza privada y religiosa; bien, ya han confraternizado de sobra con los valores más conservadores y tradicionalistas… ¿En qué ha cambiado la ciudad desde que la gobiernan? Antes de las elecciones estábamos tan mal que muchos decíamos conformarnos con que los que entraran en el nuevo Ayuntamiento no nos robaran. Suponemos que las cuentas serán ahora transparentes. Suponemos. Y esperamos que el nepotismo haya desaparecido, o vaya camino de ello. Esperamos. Pero reconozcamos que nos equivocábamos al decir que nos conformábamos con que no nos robaran. Ni el Cristo de la Buena Muerte ni la Legión llenan hoy esta pobreza institucional.

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