Bajo la fortaleza de la piedra anidan seres lunares que viven otra vida, antenas diminutas sorprendidas por la luz de otro universo, mil ojos ciegos, mil bocas, milpiés, caparazones brillantes y taciturnos que se desperezan en un mundo minúsculo que aún soporta el peso de millones de años. En el centro de la huella, como pozos, asoman su ojo de cíclope laberintos que conducen a un reino de silencio y negrura, tal vez parecido al que habitan las estrellas. Como la palma de tu mano, mapa lleno de cauces y caminos, como la piel de tu mano que conoce tus secretos y protege con su frágil firmeza de duna tu interior, tus músculos, tus tendones y huesos, y tu sangre, ese aliento que desbordará algún día tus fronteras y alcanzará la tierra como un río subterráneo, que horadará la roca más dura, que navegará una eterna sucesión de vidas con tal de acercarse un poco más al sol; como la palma de tu mano que llevas al pecho y siente los latidos de tu corazón, así sucede con cada piedra del bosque.

piedra

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